
Y en el centro del horror, como un demonio triunfante que se carcajea de la matanza, el “Ciudad de Tebas”, la nave del pirata Cerón y su cachorro Escila, la más famosa y temida entre la nación de los corsarios, la más antigua, la más salvaje. No había un solo hombre ni mujer en todo el Universo que no tuviera una sangrienta historia que contar sobre el “Ciudad de Tebas”.
Ni siquiera el Secretario General de la ONU.
“¿Y estarás mucho tiempo allí, cariño?”.
“Neptuno es un lugar importante, Lara. Llevamos siglos creando los recursos naturales que ahora estamos extrayendo. Si no fuera por las Colonias, hace tiempo que la Tierra se habría agotado”.
“Ya lo sé, ya lo sé, pero te echo de menos. Hace mucho que estás lejos, Antonio”.
“Yo también te echo de menos. Es muy duro estar aquí solo, y el trabajo es horroroso. Creo que aún nos faltan dos o tres meses para llegar a la veta principal. Entonces podré volver a la Tierra. Si al menos pudieras venir tú aquí…”
“Ojalá. Yo se lo digo todos los días al doctor Fransi, pero no me deja. Cualquier día de éstos me fugo sin que nadie me vea”.
“No lo digas ni en broma. Tú eres lo más importante, y estás en buenas manos. ¿Qué iba a hacer yo sin ti? ¿Volver a La Hermandad de la Cruz? Deja que Fransi te cuide, y yo estaré allí en un momento. Llegaré antes de que nazca, te lo juro, y a lo mejor vuelvo con un nuevo cargo bajo el brazo. Por aquí se dice que podrían nombrarme Secretario General en otoño, si esta misión funciona. El único a mi altura es Kardassian, el Secretario para el Sistema Central. Está haciendo un trabajo muy bueno en Júpier, y hasta ha limado asperezas con los Tzin”.
“Antonio, tú sabes que a mí no me hace falta que tengas un gran cargo, lo que quiero es estar contigo. Incluso prefería los tiempos en que tenías un trabajo modestito en Córdoba, porque estábamos siempre juntos. Pero desde que el Presidente Colón te propuso a las Naciones Unidas, ya casi no te veo el pelo. Me extraña hasta que me haya quedado embarazada”.
“Qué tonta eres. Sabes que esto es cuestión de dos días. En cuanto asegure los envíos de mineral a la Tierra, podré volver contigo. Los tritones están funcionando mucho mejor, y ya no cuestionan las órdenes. Son unos mineros fabulosos”.
“Antonio, deja de hablar del trabajo. Te echo muchísimo de menos, y lo estoy pasando mal”.
“Eso es por el embarazo, cariño, pero sabes que estás bien atendida. Y estaré allí contigo antes de que te des cuenta”.
“Veo que no me entiendes. Si hablara la lengua de tus malditos tritones, seguro que me entenderías mejor”.
“Eso no es justo, cariño, yo sólo intento… ¿Eh? ¿Qué es ese ruido?”.
“Una alarma. Alguien debe haber estado fumando. Espera. Hay gente corriendo por el pasillo. Espera un segundo, Antonio, voy a preguntarles. ¿Oiga? ¿Qué está pasando? ¿Por qué corre todo el mundo?”.
“¡Rápido, señorita, hay que salir de aquí! ¡Los piratas atacan el satélite!”.
“¿Lara? ¡Lara! ¿Qué es lo que ocurre?”.
“No lo sé, Antonio, dicen algo de piratas. No creo que sea para tano, pero se oyen gritos desde el fondo del pasillo, y los pacientes están siendo evacuados”.
“¡Ponte a salvo, Lara! ¡No quiero que te pase nada, por Dios!”.
“Oh, vamos, no tengas miedo. Esto es un hospital. ¿Quién va a querer…? ¡Ah! ¡Aaaaaaaaah!”.
“¡Lara! ¡Lara! ¿Estás bien?”.
“Sí, cariño, no te preocupes. El satélite está temblando. Deben haberle hecho algo a la gravedad. Ten… Tengo miedo, Antonio”.
“Sal de ahí, Lara. Ve con los otros pacientes. Corre a los módulos de salvamento y márchate de ahí, ¿me oyes?”.
“Tengo mucho miedo, Antonio… Todo tiembla… Las paredes, el suelo… Hay muchos gritos”.
“No te va a pasar nada si vas a los módulos, cariño. Por favor. Sal de la habitación y baja al muelle”.
“No voy a ser capaz. Todo se mueve. No… No voy a poder ir andando hasta allí. Estoy embarazada y… ¿qué le pasará a la niña si me caigo?”.
“No le va a pasar nada, vida mía, escúchame. Tienes que salir de ahí antes de que sea tarde”.
“No. No, aquí estoy segura. Sí, aquí en la habitación es donde estoy más segura. En el pasillo hay muchos gritos, y la gente corre, y seguro que alguno se cae y le pasan por encima. No, no, yo me quedo aquí. Aquí no me va a pasar nada… ¡Aaaaaah! ¡Dios mío!”.
“¡Lara! ¡Lara! ¿Qué ocurre? ¡Háblame!”.
“Hay… Hay muchas explosiones, Antonio. No puedo moverme. La gente grita. No sé lo que pasa. ¿Por qué nos hacen esto? ¿Por qué quieren matarnos, Antonio? Esto es un hospital…”
“Lara, por el amor de Dios, sal de ahí ahora mismo. Tienes que bajar al muelle enseguida, antes de que se marchen. Lara, por favor, tú puedes hacerlo. Por favor”.
“Ya no se oyen gritos… ni explosiones. Yo creo que han parado. A lo mejor han pasado de largo”.
“Cariño, da igual, tú márchate enseguida. Baja al muelle, por Dios. Hazme caso”.
“Hace mucho calor. No tenía que hacer tanto calor, ¿verdad, Antonio? No entiendo por qué hace tanto calor. Voy a tener que quejarme a la enfermera”.
“Lara, ¿de qué estás hablando? Sal de ahí. Sal de ahí de una vez, mi vida”.
“Hace muchísimo calor. No… No entiendo por qué. ¿Esto es normal, Antonio?”.
“No lo sé, cariño, pero no puedes seguir en la habitación. No quiero que te pase nada”.
“Hace… Hace calor. Hace mucho calor. Me… me cuesta respirar. Me cuesta…”
“¡Lara! ¡Lara! ¡Háblame, por Dios!”.
“Me cuesta… Me cuesta… Hace…”
“¡Lara! ¡Lara! ¡Mi vida! ¡No! ¡No!”.
Por Dios, no, que no le pase nada, Dios, que esté bien, que esté bien, que esté bien, que esté bien…
Por Dios, no, que no le pase nada, Dios, que esté bien, que esté bien, que esté bien, que esté bien…
4 comentarios:
Qué tensión por Dios. Mientras lo leía estaba pensando: "¿Pero quieres bajar al muelle de una vez?" Qué piratas más malos. Sigue escribiendo que eres un monstruo.
Hola, Juan!
Muchísimas gracias por tus comentarios, que siempre son bien recibidos! La verdad es que sí, esos piratas son unos verdaderos cabrones (aunque en otra parte de la historia se convierten en héroes de su propia batalla! Cosas de la política!! Je, je!). Gracias por leerte las locuras que escribo, y por valorarlo tan bien.
Un abrazo.
¡¡¡Muy bueno!!!, y solo con los diálogos. ¿Has escrito algún guión?, creo que se te daría muy bien y quien sabe...
Hola, Santo!
La verdad es que me gusta mucho ese fragmento! Me acuerdo que el día que lo escribí (en una cafetería de Coruña, esperando a que mi mujer me recogiera en el coche), luego sentí de verdad esa misma angustia que quiere transmitir. Como decía Alan Moore, "para escribir verdaderas historias de terror, tienes que asustarte tú mismo de lo que escribes", y con esto es lo mismo.
Guiones sí que he escrito algunos, y como siempre, estoy metido en doscientas cosas distintas, siempre procurando que alguna funcione (aunque por ahora, con poco éxito! Je, je!).
Un abrazo, compañero!!
Publicar un comentario en la entrada